sábado, 18 de abril de 2015

Hoy no dejan de mimarla y cuidarla.
La mecen, frágil, hermosa. La protegen invisible, a veces como queriendo ocultarla, otras haciéndola más bella. Dándola calor, escondiendo su brillo.
Hoy nos mira con cara de preocupación. Transmitiendo frío en su mirada, casi como si quisiera absorber el de la Tierra. Pero hoy no. Esta noche no.

A veces la miras y sólo entonces es cuando comprendes que todo gira.
A veces necesitamos mirar la luna para sentir que todo cambia. También ahí fuera.

Tan lejos y tan cerca al mismo tiempo. Tan fuera de su luz, tan dentro de la pálida sombra que refleja las ventanas de nuestras casas.
Supongo que el sol envidia a la luna porque a ella si que la miran a los ojos. Pero su energía no es tan fuerte. Es distinta. Una niña débil que juega con su linterna gastada bailando sobre nuestras cabezas.

Y esta noche, se está quedando sola. Como si ya nadie quisiera hacerla compañía. Ahora las nubes en vez de mecerla, huyen de ella.

¿Qué pensará de la locura de nuestro planeta y su tierra artificial? ¿Qué extrañará perdida y tierna, columpiándonos en su tela de araña?

Cierra los ojos. Imagínala. Imagínate allí.
Imagina que eres ella.


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